El milico
Llevaba muchos años encerrado en algo que de pronto ya no era un torbellino, si no una casa, cuatro flores, una postiza, y una rosa que tenia demasiadas espinas que el ya no reconocía al tomarla en sus manos y verlas sangrar. Tenia ahí ya muchos años en ese lugar de paredes blancas, de sillones viejos y reglas que no eran suyas. No se sentía ahí, se le escapaba el amor con años, también su razonamiento se volvía terco, tosco he imprudente, los huesos se le agarrotaban con las corrientes de viento, sus músculos no se ejercitaban, tal vez el ya no existía en aquel lugar. No era cierto, el existía pero no era parte ni de las paredes blancas, ni de las rosas, o las risas, ni siquiera de aquello que el había construido con sus manos sangrantes.
No había tiempo ni motivos para ponerse a pensar en lo de aquel lugar, ya estaba convencido después de tanto luchar que el no pertenecía, que de a poco su historia se desvanecía.
Era hora de partir…
Y en su maleta guardo 101 diplomas que de la pared despego, sus corbatas usadas y anchas, las camisas rectas, sus frustraciones y una fotografía, después de todo su maleta si pesaba y con ella el camino se le hizo difícil.
No había tiempo ni motivos para ponerse a pensar en lo de aquel lugar, ya estaba convencido después de tanto luchar que el no pertenecía, que de a poco su historia se desvanecía.
Era hora de partir…
Y en su maleta guardo 101 diplomas que de la pared despego, sus corbatas usadas y anchas, las camisas rectas, sus frustraciones y una fotografía, después de todo su maleta si pesaba y con ella el camino se le hizo difícil.