sábado, noviembre 28, 2009

La sangre quema.

El milico

Llevaba muchos años encerrado en algo que de pronto ya no era un torbellino, si no una casa, cuatro flores, una postiza, y una rosa que tenia demasiadas espinas que el ya no reconocía al tomarla en sus manos y verlas sangrar. Tenia ahí ya muchos años en ese lugar de paredes blancas, de sillones viejos y reglas que no eran suyas. No se sentía ahí, se le escapaba el amor con años, también su razonamiento se volvía terco, tosco he imprudente, los huesos se le agarrotaban con las corrientes de viento, sus músculos no se ejercitaban, tal vez el ya no existía en aquel lugar. No era cierto, el existía pero no era parte ni de las paredes blancas, ni de las rosas, o las risas, ni siquiera de aquello que el había construido con sus manos sangrantes.
No había tiempo ni motivos para ponerse a pensar en lo de aquel lugar, ya estaba convencido después de tanto luchar que el no pertenecía, que de a poco su historia se desvanecía.
Era hora de partir…
Y en su maleta guardo 101 diplomas que de la pared despego, sus corbatas usadas y anchas, las camisas rectas, sus frustraciones y una fotografía, después de todo su maleta si pesaba y con ella el camino se le hizo difícil.

jueves, noviembre 19, 2009

Un verbo.

Tus ojos eran mis ojos, y la habitación se llenaba de mariposas al vuelo, no había mas que luz y colores, entonces una se poso entre tus labios, estaba ahí deslumbrante, era la mas hermosa de todas, me llamaba, me buscaba, no pude mas que atraparla entre tus labios y los míos, saborear entonces sus colores, sentir como sus alas revoloteaban en mi boca y en tu boca, comer mariposas es un verbo exquisito.

Cuando te preguntan.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
ah pero las parejas que huyen al Botánico
ya desciendan de un taxi o bajen de una nube
hablan por lo común de temas importantes
y se miran fan ticamente a los ojos
como si el amor fuera un brevísimo túnel
y ellos se contemplaran por dentro de ese amor.
(Mario Benedetti)


Yo te abrazo en la inmensidad de este lugar que tiene paredes altas, vidrios de puertas y sonido de mar en el ambiente, yo te abrazo y no me importa que esas dos figuras de concreto danzantes nos observen, y mientras me pierdo en tu aroma, me pregunto si ¿si has observado alguna ves a los niños pequeños jugar en las plazas, con el fondo verde, con el cielo azul? Dime ¿te has fijado como sonríen cuando un perro bosteza o el abuelo cuenta su historia en blanco y negro?
Y sin que me contestes me pongo a pensar, que a veces esas cosas pasan cuando estamos en aquella plaza, con la estatua que no nos mira, con la señora que regala flores y que mágicamente aísla el ruido de la ciudad. Cuando me abrazas en aquella plaza, yo sonrío y el eco de los niños se hace más fuerte, y que cuando yo te abrazo las nubes que tú siempre miras cambian de color. Para después irnos y ese lugar se vuelve lienzo y óleo fresco, se queda ahí con colores de noche y sombras de despedidas. Luego cuando caminamos la calle avanza con nosotros y los pasos se nos hacen eternos, por que yo me acostumbre a ti y el frío y la distancia me ayudan, me regalan una brisa helada y un semáforo en rojo, me gusta otra vez te puedo tener cerca de mí.
Te quedas entonces con mi olor y yo me quedo con tigo.
¿Te has fijado que esas dos personas de cemento bailan al frente de nosotros? Danzan con una música que me suena a tu risa, pero la música se detiene y ellas también, tu me has hablado, tu me has preguntado algo, te respondo y pienso en que si me lo preguntaras una y mil veces, yo siempre te diría que si.